Niños refugiados en Cúcuta tras su éxodo desde Venezuela. Canon EOS 6D, ISO 200, f 6,3, 1/100 seg., lente 50 mm f 1,2L USM

Toda situación tiene una luz particular, una disposición de los objetos específica, una actitud y unos sentimientos de los participantes únicos, una atmósfera propia. Cuando documentamos fotográficamente un acontecimiento, es conveniente respetar al máximo esa atmósfera, no intervenirla, es decir, no enrarecerla. Para lograrlo, no existe una sola forma de trabajar y cada fotógrafo desarrolla sus historias empleando los elementos que más se ajustan a su estilo personal. Uno de estos es el flash, cuyo empleo puede alterar completamente las condiciones de iluminación de una escena. Sin embargo, existen opciones que pueden resultar interesantes para evitar que la luz artificial sea agresiva, como la sincronización del flash con la segunda cortina, el rebote de la luz en el techo o una pared, la dirección puntual del destello, etc. Personalmente, prefiero la luz natural porque es uno de los elementos clave de la atmósfera fotografiada: es su esencia, el elemento que dibuja las formas, da volumen, revela, oculta y sugiere.
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Vicente, trabajador ambulante de las playas de Veracruz, México. Canon PowerShot G16, ISO 80, f 2,5, 1/250 seg.

Además de la luz, las personas también constituyen la atmósfera del lugar. Sugerir cambios en su comportamiento o crear situaciones falsas sonintervenciones que no permitirán que el observador lea loque en efecto había o sucedía en aquel lugar, sino la manipulación por parte del fotógrafo, es decir, leerá una información intervenida y editada, sesgada por las decisiones de quien está tras la cámara. Sin embargo, el retrato sí permite estas sugerencias, en las que el retratado es mostrado en su contexto, bajo la dirección de quien está documentando. En este caso, independientemente de las indicaciones del fotógrafo, la persona siempre asumirá una postura ante su realidad, bien sea de resignación o de resistencia.

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Tamborero de San Basilio de Palenque.Canon EOS 5DS R, ISO 2500, f 4, 1/25 seg., lente 24-105 mm f 4L USM

En cuanto a la posproducción de las imágenes en el ámbito documental,la tentación de sofisticar las fotos o de arreglarlas por medio de programas de edición digital muchas veces conduce a tomar decisiones erróneas, como la excesiva corrección del color o de encuadre clonando zonas o eliminando luces que, supuestamente, desvían la atención del lector de la imagen. Ni qué decir de los montajes o de las superposiciones de imágenes para generar determinada lectura en el observador. Respecto al blanco y negro, el empleo excesivo de ciertos filtros digitales que muchas veces presentan rostros y paisajes plateados, ultra definidos o con un grado de detalle y textura imperceptibles al ojo humano en el momento de la toma, también enrarecen la atmósfera de lo fotografiado. En este sentido, como decía Henri Cartier-Bresson, existe una tendencia hacia la nitidez excesiva, por la cual se descartan imágenes poderosas cuyo foco no es perfecto o están movidas. En muchas ocasiones, estas fotografías pueden resultar más contundentes e históricamente importantes que las más definidas.

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Niños wayúu danzan en la Plaza de Bolívar de Bogotá exigiendo sus derechos. Canon PowerShot G16, ISO 80, f 8, 1/250 seg.

Por último, considero que cuando el fotógrafo ha tenido la perseverancia para lograr estar en medio de los fenómenos que le interesan gestionando permisos, estableciendo contactos, pagando viajes de su propio bolsillo, exponiendo en muchos casos su integridad, invirtiendo tiempo y recursos en investigación, etc., no se justifica agregar o suprimir información de los contextos y presentar una visión distorsionada de las situaciones registradas. Además, la realidad es tan sorprendente que por sí sola produce asombro y contiene una belleza que no necesita artificios para exaltarla.