Cada imagen inspiradora que ha sido capturada por una cámara proviene de un fotógrafo, modelo y atuendo, trabajando en perfecta armonía por un equipo de personas que aportan toda su creatividad y talento.

Sin embargo una buena fotografía de moda se obtiene cuando la actuación de la modelo en frente de la cámara es impecable, es decir, cuando logra trasmitir emociones para que el espectador las experimente; cuando con su lenguaje corporal y sus gestos logra crear una atmósfera que se complementa con la iluminación y el encuadre propuestos por el fotógrafo.

En teoría el propósito inicial de la fotografía de moda era capturar bellas imágenes de ropa para ayudar a venderla, aunque ha habido una evolución que convirtió este tipo de Fotografia en un vehículo de auto- expresión para los fotógrafos apasionados por el tema.

Anna Wintour, la editora de moda de la revista Vogue, lo ilustra de la siguiente manera: Nuestras necesidades son simples, deseamos que un fotógrafo capture un vestido, haciendo ver linda a la modelo y dándonos muchas opciones para escoger. Los fotógrafos en cambio desean crear arte.

Esa tensión y equilibrio entre los dos puntos de vista ha ayudado a crear imágenes memorables que trascienden el tiempo y representan la época en la que son capturadas.

Para mí, un fotógrafo de moda es un intérprete, es un artista que se expresa a través de sus imágenes, narrando historias utilizando para ello el vestuario, modelos, maquillaje y locaciones disponibles, es también el reflejo de su época, de su cultura, de todos los libros que ha leído, de las películas que ha visto y de las experiencias que ha tenido a través de su vida.

Les quiero ilustrar con un proyecto personal que es la fotografía de moda, la modelo en esta historia es Diana Lemus, una mujer maravillosa que conozco desde hace más de 7 años. He visto su evolución y desde hace varios meses quería capturarla nuevamente, pero había sido imposible por nuestros múltiples proyectos.

Por fin hace unos quince días conversamos y decidimos crear unas imágenes juntos, no para publicar en una revista sino para nosotros.

La idea inicial fue capturar a Diana con prendas fluidas y etéreas, con una iluminación reminiscente de la antigua Grecia, con pieles casi marmóreas, escultóricas… los vestidos perfectos para las fotos fueron suministrados por las marcas Faride Ramos y Di Tè Hamptons Breeze.

Utilicé fondos clásicos de texturas derruidas, las poses fueron estáticas, controladas y muy armónicas para reforzar la presencia escultórica y atemporal de la modelo.

La talentosa maquilladora Vanessa Carreño creo un maquillaje suave y preciso que incrementó el efecto.

Decidí entonces disparar las fotos en mi estudio de luz natural balanceada con dos luces artificiales suavizadas con Octas, mi cámara elegida fue la Canon 5DSR por su resolución de 50Mp con el lente EF 85mm F1,2L.

Medí la luz ambiente de las 4:30 de la tarde y me dio F6,3 de apertura con velocidad 1/200 de segundo en ISO 100; una corriente de aire muy fuerte proveniente de los cerros orientales de Bogotá le dio movimiento al cabello de la modelo y a los vestidos, creando un look dinámico que contrastó maravillosamente con la inmovilidad de la modelo.

Creo que las ideas más sencillas, pero cuidadosamente ejecutadas, permiten crear imágenes inolvidables que trascienden nuestra época y nos hacen parte de un mundo muy particular, el de la Fotografía de Moda.