El lenguaje de las texturas, el color, los contrastes y las sombras en la fotografía documental.

Hoy quiero compartir con ustedes un proyecto fotográfico para hablar un poco sobre la necesidad de tener un buen hilo conductor en las imágenes que componen nuestras historias para que sean parte de un todo. Como sugerencia, es importante que todas las fotos tengan una atmósfera continua que nos mantengan en una narrativa visual sin tener fotos que sean radicalmente diferentes en texturas y tonalidades.

En el proyecto Las Batallas de Niño en La Ciudad de Los Gigantes decidí que el ambiente, que en un principio encontré con demasiados elementos y múltiples colores que distraían y saturaban, era mejor mostrarlo en blanco y negro porque así resaltaba más el mensaje de la vida de Edward, un hombre de baja estatura tratando de sobrevivir en una ciudad hostil y poco amable con las personas pequeñas o mal llamados “Enanos”.

Para el proyecto era muy importante la búsqueda constante del contraste de su estatura con respecto a los demás personajes, compañeros de trabajo, familiares, compradores, y los elementos simbólicos de la miscelánea, todo siempre de manera natural , encontrado tal cual como Edward Niño vive su vida sin mi intervención o disposición de elementos pues era su historia, no la mía, y el punto de encuentro entre los dos era la realidad, la cotidianidad de Niño, una existencia ejemplar.

Cuando conocí a Edward Niño fue el día que le dieron la mejor noticia de su vida, fue en su casa, en un populoso sector de la localidad de Bosa, donde existe esa otra Bogotá, que nunca sale en primera página y que muchos ciudadanos no saben que existe.

Hasta allí, a la casa de Edward, escondida en un callejón de laberintos llegó desde el extranjero, un hombre muy alto y delgado, vestido de traje, peinado con gomina y de apariencia impecable. Sostenía con una mano la manija de un maletín de cuero y con la otra, un diploma enmarcado envuelto en un papel celofán. Apenas estuvo frente a Edward y su familia le dijo con una sonrisa en el rostro con acento gringo: “Felicidades Mr. Edward , usted tiene el record mundial por ser el hombre más pequeño del mundo, reciba el certificado del organización Guinness Records, porque había otro en china más pequeño pero murió hace una semana”.

Minutos después, con la seguridad de los ganadores, sin emotividad alguna Edward se acomodó para una foto protocolaria que debía documentar la entrega oficial del premio. El señor alto y delgado se paró junto a él y de su bolsillo sacó una cámara compacta y pidió a la madre de Edward que les tomará una foto, yo también registré el asunto con la mía como fotógrafo de AP, no habían más medios pues sólo lo sabía la agencia donde trabajaba. Y así como un evento sencillo, fue la primera foto que tomé de Edward que hace parte de esta historia y que se complementaría en los meses venideros, cuando me abrió poco a poco las puertas de su pequeño bunker, de su vida y su valor para mantener a su familia con su trabajo de espectáculos y sacar adelante a su hermano como cabeza de familia en una ciudad de gigantes, librando batallas diariamente con pistolas de juguete en una miscelánea de productos chinos en Bosa “todo a mil”. De estos meses estas historia cotidiana de Bosa, de la Bogotá que nunca salé en primera página y que muchos bogotanos no saben que existe.

Aquí pueden encontrar un PDF con toda la historia de Edward Niño

http://www.wmartinezphotos.com/taller-v.3.html