En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag afirma: “La memoria congela los cuadros; su unidad fundamental es la imagen individual. […] La fotografía es como una cita, una máxima o un proverbio”. Así, cuando un fotógrafo se aproxima a una realidad social con el ánimo de documentarla, lo que hace es congelar fracciones de espacio y tiempo del continuo que es la historia de la humanidad. Entonces, cada una de sus fotos debe convertirse en una “cita” que dé cuenta clara de los acontecimientos que está presenciando y que, quizás, pasarían al olvido si él no estuviera allí. En consecuencia, sus imágenes deben ser contundentes, tanto conceptual como estéticamente, para quedar impresas en la memoria colectiva.

Sin embargo, una sola foto (“cita”, “máxima” o “proverbio”, en términos de Sontag) no siempre es suficiente para contar la realidad. Es por esta razón que el trabajo del fotógrafo documental demanda una inmersión de largo aliento en los temas, que le permita comprender mejor los fenómenos que está presenciando y abarcar sus diferentes aristas. De este modo, se obtiene un corpus de imágenes más sólido, cuya disposición en la pantalla o el papel genera una narrativa que le permite comprender a quien lo observa cuáles son las circunstancias de un grupo humano, las consecuencias del cambio climático en determinada región, las tradiciones de un pueblo, etc.

Por otra parte, si bien es posible proporcionar una imagen clara de los acontecimientos, es necesario precisar que esta no necesariamente es la “realidad”, sino la visión de alguien que estuvo allí (generalmente foráneo) y que, motivado por sus intereses, su formación, su ideología, etc., documentó lo que consideró pertinente. Esto no significa que lo que veamos en las imágenes no sea veraz, sino que es la “realidad” filtrada por el mundo interior de determinado fotógrafo, quien tomó decisiones técnicas y estéticas para presentarnos lo que ocurre de la forma más clara posible.

Para ilustrar lo dicho (y con la esperanza de haber extraído una buena “cita” de un acontecimiento), acompaño este texto de una imagen de una pareja de bailarines en el Festival de Tambores de San Basilio de Palenque (Colombia), considerado el “primer pueblo libre de América”. En octubre llegan allá músicos de todo el país para inundar de color y alegría el pueblo con sus ritmos y danzas. La serie completa fue hecha con dos cámaras: una Canon EOS 5DS R y una Canon EOS 6D, con los lentes 50 mm f1.2 y 24-105 mm f4, que gracias a su excelente calidad de imagen me permitieron capturar la atmósfera llena de vida, color y movimiento del Palenque. El trabajo completo puede verse en: http://andresherreraphoto.com/palenque-drums/