Por lo general se nos olvida que el storytelling hace parte de muchos aspectos de nuestra vida y no se limita únicamente a la literatura y al cine. Hay storytelling en nuestros negocios, en nuestras relaciones, en la imagen personal que proyectamos al mundo, etc. Y si nos fijamos en eso entenderemos que hemos venido perfeccionando el arte de contar historias por mucho tiempo sin darnos cuenta y sin haber publicado oficialmente nada (excepto la cantidad de cosas que publicamos constantemente en Facebook).

Por esta razón es que somos capaces, sin saber muy bien por qué, de notar cuando una película no está del todo bien contada, así nunca hayamos estudiado acerca del tema. Pongamos como ejemplo un restaurante. Si somos los dueños de un restaurante, debemos saber que todo, absolutamente todo (su diseño interior, su imagen gráfica, su menú), hace parte de la promesa que como historia se le vende al usuario. Y la experiencia que vive el cliente, desde que entra al restaurante hasta que sale de él, se convierte en la ejecución de dicha promesa. Algunas veces exitosa y otras no. Lo mismo ocurre en nuestras relaciones personales o perfiles online.

Esto está ligado a un principio fundamental: el storytelling no es sobre el QUÉ sino sobre el CÓMO.

No importa qué historia vas a contar, lo importante es cómo la vas a contar. Por esto mismo es que en nuestra vida diaria encontramos momentos en que dos personas que vivieron la misma situación dicen lo siguiente: “Déjeme a mí contar la historia, que usted siempre que la cuenta la daña”. Todos lo hemos escuchado y por más normal y cotidiano que nos parezca, esto obedece a este principio. Es por esta razón que puede haber y seguirá habiendo innumerables películas acerca de la Segunda Guerra Mundial o, en nuestro caso, del conflicto guerrillero. Algunas serán comedias, otras serán dramas o musicales. Cada director nos proyectará sus propias preocupaciones narrativas y de estilo, todas únicas, de acuerdo a su manera de ver cada tema, cualquiera que sea.

Esto es muy importante, ya que uno de los errores más comunes que se comete es pensar que la importancia está en el objeto de la historia. Por ejemplo, voy a hacer una película sobre el Palacio de Justicia. Y tengo como ingredientes, primero, un tema de amplio interés nacional, luego dos increíbles protagonistas de talla mundial, un director de fotografía ganador del Oscar, música de Santaolalla, etc. Puedes tener todos los ingredientes que quieras, pero nunca un buen resultado ha dependido solo de los ingredientes separados. Un productor inexperto pensaría que con esos ingredientes ya tiene un éxito asegurado, independientemente de a qué director le sea asignado el proyecto. Año tras año vemos grandes fracasos gracias al desconocimiento de este simple fundamento.

Dirigir, como cualquier otra disciplina rigurosa, requiere de aprender y dominar estructuras clásicas, básicas y comerciales antes de transformarlas y experimentar con ellas. En muchos casos se reconoce de lejos al realizador amateur porque se salta este principio y llega inmediatamente a experimentar. ¿Por qué lo hacen? La respuesta es muy sencilla: porque dominar las estructuras más básicas es tremendamente difícil y requiere muchísima disciplina y talento. Todos los grandes directores experimentales (David Lynch, Mike Figgis, Tim Burton, Wes Anderson, etc.) podrían hacer una clásica comedia romántica con los ojos cerrados, dominan las estructuras comerciales al derecho y al revés. Por eso se hace tanto énfasis en aprender principios de guión y estructuras narrativas antes de emprender cualquier proyecto audiovisual.

Otro principio fundamental, tal vez el más común y el que primero se aprende en cualquier curso de literatura y guión, es EL SUBTEXTO.

Cuenta siempre dos historias al tiempo: la evidente y la secreta. El subtexto es esa historia secreta. La evidente puede ser clara y fácil de seguir, como por ejemplo un simple y directo robo a un banco, o puede ser compleja y construida a partir de fragmentos de sueños incomprensibles de nuestro personaje principal. No importa cómo sea que esté construida, sea experimental o no, esta es la historia que vemos en pantalla. Pero la secreta (el subtexto) debe tener un propósito y una tesis muy clara. Por ejemplo, estoy mostrando todos estos sucesos extraños para realmente de fondo contar que sólo hay valentía cuando se pone en juego la vida, o que el verdadero amor sólo existe cuando hay desapego. No importa si tu propósito es cínico y desesperanzador, pero debe ser claro: les conté toda esta película para probarles que el amor no existe o que el ser humano es fundamentalmente malo de nacimiento. Lo que sea. Pero debe ser claro, para que la historia evidente pueda tomar la forma que quieran.

Mucha gente piensa que en publicidad, por ser tan corto el tiempo disponible, es difícil conseguir este tipo de efecto y de contar estas dobles historias, pero no es así. Lejos de eso, el storytelling, ya sea en publicidad, vídeo musical, película o cortometraje, siempre va a operar bajo este principio.

Comercial Volkswagen Super Bowl
https://www.youtube.com/watch?v=hHqGgEvgv90

En el caso de este comercial de Volkswagen la historia evidente es clara y sencilla. Un niño juega con su disfraz de Darth Vader alrededor de toda la casa, su padre al final lo sorprende utilizando la nueva tecnología del carro y lo sorprende haciéndole creer al niño que en realidad sí tiene los poderes de Darth Vader. En tan solo un minuto entendimos toda esta historia. Pero en realidad el comercial es tan exitoso por el subtexto que nos cuenta. En esta historia podríamos pensar que el protagonista es el niño porque aparece durante todo el comercial, pero en realidad el protagonista es el padre, y los creativos y directores de mercadeo que aprobaron este comercial lo saben, de la misma manera que saben que los niños no compran carros y los adultos sí. Porque cuando se trata de nuestros carros todos los adultos somos niños en el fondo y buscamos magia en ellos. Y bajo ese subtexto entendemos una verdad universal que día a día vende millones de automóviles y que hace que esta sea una gran historia.

Recientemente Mercedes-Benz lanzó un comercial en el que usó exactamente el mismo subtexto (o como lo llaman los publicistas: Insight) que el comercial de Volkswagen, pero con una ejecución completamente distinta. En ambos casos, muy buenas piezas con un efectivo storytelling.

https://www.youtube.com/watch?v=06YBI4WMAA0